Por qué metodistas?

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Dice la historia que en 1728, en Inglaterra, un grupo de estudiantes universitarios, impaciente por la falta de respuesta de la Iglesia de Inglaterra (estatal) a las graves necesidades espirituales y sociales de la época, decide poner en práctica su fe. Adoptan un “método” muy estricto de oración y estudio, y al mismo tiempo asisten a los pobres, los presos y la niñez desamparada. Sus compañeros los llaman en son de burla “los metodistas”, y ellos aceptan el apodo como nombre propio.

Entre estos jóvenes se encuentran dos hermanos, Juan y Carlos Wesley, que habrían de pasar por un proceso de profundo cambio espiritual en sus vidas. En un Diario de Vida, muy detallado, como se
acostumbraba en esa época, Juan relata un acontecimiento muy sencillo que sin embargo, tiempo más tarde, impactó de tal manera a sus seguidores, que llegaron a considerarlo el evento fundacional del movimiento metodista.

“La noche del 24 de mayo de 1738 fui, casi a pesar mío, a una pequeña reunión en la calle Aldersgate, donde oí la lectura del prólogo de Lutero a la epístola de San Pablo a los Romanos. Como a las nueve menos cuarto, mientras escuchaba la descripción que hace del cambio que Dios obra
en el corazón por la fe en Cristo, sentí arder mi corazón de una manera extraña. Sentí que confiaba en Cristo y solamente en Cristo para mi salvación; recibí la seguridad de que Dios había borrado mis pecados y que me salvaba a mí de la ley del pecado y de la muerte.”

Ante el rechazo de su propia Iglesia de Inglaterra, los metodistas se organizan en “sociedades” que crecerán hasta constituir un movimiento autónomo. Son tiempos de turbulencia social. Wesley lleva el Evangelio y con él la búsqueda del mejoramiento social y cultural a la primera clase trabajadora de la era industrial, marginada y empobrecida.

El énfasis del movimiento sigue siendo el mismo: la militancia cristiana al servicio del pueblo.
Pero ya no por cumplir con una disciplina religiosa, sino por haber conocido en Jesucristo una forma de vida diferente, plena y abundante, basada en el amor de Dios y destinada a toda la humanidad.

Así nace lo que es hoy la Iglesia Metodista, con casi 70 millones de fieles en más de 100 países alrededor del mundo.