Mes de la Reforma: Daniel Bruno, Historiador, IEMA

Historia y Reforma

Números 20, 1-11
Lucas 4, 16-29

Fui invitado para predicar sobre la Historia y la Reforma, no sobre la Historia de la Reforma, sino sobre ese devenir de procesos que llamamos Historia y la Reforma Protestante de la que estamos conmemorando sus 500 años de acontecido. Lo primero que pensé, fue: “Cuidado Daniel, no es una clase, sino una predicación”, en una predicación siempre debe haber Buena Noticia (Evangelio), y el desafío en este caso es encontrar Buena Noticia en la Historia!! Si miramos alrededor, si estudiamos el pasado, vemos que no es tarea sencilla encontrar Buena Noticia en la Historia. Vemos procesos justos que triunfan, pero su fulgor es pronto aplastado por los poderosos, vemos alegrías que duran un suspiro. Los proyectos de muerte terminan imponiendo sus intereses mezquinos a fuerza de engaños, guerras, destrucción. Podríamos estar tentados a repetir junto al autor del Eclesiastés “Vi más cosas debajo del sol: en lugar del juicio, la maldad; y en lugar de la justicia la  iniquidad” (Ec 3, 16) Es cierto que el Eclesiastés no es precisamente un canto al optimismo! Es que en realidad, si nos movemos con esos parámetros (optimismo-pesimismo) la Historia de los seres humanos no da lugar para ser optimistas.

Sin embargo el Evangelio nos invita a mirar nuestra existencia desde la esperanza (que es muy diferente al optimismo). El optimismo necesita datos objetivos para ser. La esperanza ve donde todavía no hay nada. En ese sentido podemos decir que a pesar de las cosas que vemos en la Historia y que no despiertan precisamente optimismo, existen aún en ella puertas para la esperanza. Son pequeños Kairos que quiebran la costra de lo fatalmente esperado y abren puertas de nuevas posibilidades. En este sentido podemos afirmar, “SÍ, a pesar de lo que vemos, hay Buena Noticia en la Historia!” Y la Reforma ha sido uno de esos kairos que quiebran y abren, dando lugar a lo inesperado. Sabemos que la Reforma no ha sido un punto en Wittemberg en 1517, sino ese punto
estuvo precedido por un proceso de alrededor de 500 años de preparación y ha sido sucedido por otros procesos que lo continúan y seguirá haciéndolo…por eso estamos aquí hoy. La Reforma ha sido un eslabón más en una larga cadena de intentos de exhumación del corazón del evangelio, oculto bajo varias capas de óxido y tierra, capas que se van formando cuando el evento Evangelio, se va revistiendo de Iglesia institución. “Evento” e “Institución” serán siempre una pareja inestable, que se aman y se odian, que se necesitan pero uno termina siempre queriendo ahogar al otro. El evento puro no existe,

Jesús debió buscar discípulos y armar un grupo con consignas claras… allí ya el evento original estaba generando una institución, pequeña, ágil, funcional a los objetivos de Jesús, pero, institución al fin. O sea, la institución es necesaria para que el evento se haga acción, el problema es cuando la institución termina ahogando el evento que le dio origen, habla por él, decide por él, pero el evento inicial ya no existe, está sepultado.

Solo esta mortal metamorfosis, nos puede explicar cómo la iglesia en solo tres siglos pasó de ser un grupo de hombres y mujeres pobres, esclavos muchos, perseguidos pero dispuestos a vivir las Buenas Nuevas del Reino, a ser una institución estatal liderada por el Emperador y amoldada al formato organizativo del Imperio romano. A partir del año 313, la iglesia cristiana paso de ser perseguida a ser perseguidora, de ser pobre, a ser rica, de ser evento a ser todo institución.

Es por esa razón que a partir de ese momento, hubo hombres y mujeres que aparecen aquí y allá buscando lo sepultado bajo los escombros, tratando de exhumar aunque más no sea algunos vestigios de aquella iglesia evento . Por eso el grito de batalla de la Reforma fue “Volver a las fuentes”! Es la herramienta para encontrar lo perdido.. Antes de Lutero hubo muchos, que terminaron con sus vidas a causa de esa búsqueda. El siglo XI es clave, podríamos decir que fue el comienzo del quiebre que abrió el camino.

Pero antes de seguir con el siglo XI, volvamos al siglo I para detenernos en el pasaje de Lucas 4, 16-29.

En el contexto que estamos hablando, veo este pasaje como el núcleo de la misión de Jesús. Por un lado se ubica en la sinagoga, y no en el templo. Son dos figuras opuestas en lo simbólico. La sinagoga, era un espacio social, cultural no solo religioso, nadie mandaba, era horizontal. El templo por el contrario, era el centro del poder sacerdotal, donde se oficiaban los sacrificios y depositaban los diezmos, era una especie de banco, porque también se guardaban los víveres que eran administrados por el sacerdote.

Jesús va a la sinagoga, y qué lee? Alguna ley mosaica? Preceptos a ser obedecidos? No, les lee al profeta al Isaías, un “refrito” de 58,6 y 42,7, son poemas de siervo del Señor y sus acciones liberadoras. Por algo han llamado a este texto de Lucas “el texto programático”. Porque allí Jesús expone su “plataforma de misión”, su programa de ministerio. Y lo hace rescatando la tradición profética, no la sacerdotal. Veo este pasaje como el comienzo de una Reforma de una religiosidad vacía y opacada por el poder, y a Jesús recuperando la esencia de la fe profética de Israel, la fe que busca la justicia, la ética. Fe peligrosa, ocultada por siglos de poder sacerdotal. Podríamos decir que esta es la reforma de Jesús, su Wittemberg y las 95 tesis. Allí se declara contra el poder y actualiza en su persona, la esencia de la fe de Israel. Jesús no viene a crear una nueva religión, sino a limpiarle el rostro al Dios del éxodo y de los profetas. Por lo general, los reformadores, los buscadores del evento, no han querido inventar nuevas religiones, ni Wycliff, ni Hus, ni Lutero, ni Wesley, solo han buscado eso: rescatar el evento vivo.

El problema es que esas búsquedas generan reacción. Con Jesús, los presentes pasaron de la adulación a la locura asesina. Mientras leyó el rollo, todos se maravillaban diciendo, mirá a Jesús, el hijo de José el carpintero! ¡Qué cosas hermosas dice! Pero las cosas cambiaron cuando Jesús aplicó lo leído a la realidad de su tiempo. Desnudando el racismo e intolerancia de todos aquellos, les recordó los actos liberadores de Dios dirigidos a dos extranjeros, una viuda y un leproso. Y les recuerda, había muchas viudas y leprosos en Israel, pero Dios bendijo a estos dos extranjeros… ¿Por qué será? En ese momento se terminó el idilio, la adulación se transformó en ira y lo quisieron tirar a un precipicio.

Cuando el evento vuelve a aflorar en la superficie, muchos son beneficiados, pero algunos lo resisten, porque viene a cambiar las reglas conocidas, las costumbres que suplían a una fe verdadera.. viene a modificar situaciones de privilegio.. Por eso, el poder siempre reacciona con violencia contra los reformadores, los buscadores del evento!

Volviendo ahora al siglo XI fue un quiebre, en primer lugar porque literalmente la cristiandad imperial se dividió en dos, como lo había hecho el imperio, pero además en la Iglesia Occidental comenzaron a aparecer buscadores de eventos. Los primeros han sido los monjes, quienes de manera un tanto indirecta pero simbólica, buscaban una vida retirada, de pobreza y sencillez, en reacción el estado general de la curia y de una institución que para ese entones era una perfecta maquinaria para acumular tierras, prebendas, y sobre todo dinero. En definitiva a fines de la alta edad media, la iglesia era un feudo más, sin duda el más rico. Las tierras pontificias alrededor del siglo XIV llegaban a ocupar de costa a costa y de Terracina hasta Bolonia, la Italia central.

A los monjes, (no olvidemos que Lutero fue uno de ellos), los siguieron una gran cantidad de reformadores (no vamos a mencionarlos) cuya tarea fue ejemplar, pero por diversas razones no pudieron coronar su obra. Lutero, en cambio, estuvo en el lugar y en el momento oportuno. Varios han sido los factores que ayudaron a que Lutero no terminara carbonizado como Wycliff . El momento: las ideas humanistas habían comenzado a circular por las universidades europeas, la imprenta acababa de inventarse, herramienta que los reformadores anteriores no dispusieron para promocionar sus ideas; la tensión política entre los principados alemanes y Roma iba en aumento, las finanzas de Roma estaban jaqueadas por el proyecto de la construcción de la nueva basílica en ejecución, lo que hizo que el vaticano saliera por toda Europa a recaudar fondos a través de indulgencias. El lugar: Alemania estaba en un proceso de unificación de varios principados que irían conformando las bases de una nación. Este incipiente nacionalismo llevó a los príncipes a oponerse al sistema de extracción de riquezas de sus regiones para alimentar a Roma. La aparición de Lutero y su lucha contra las indulgencias fue de alguna manera providencial y totalmente ajustada a la causa de los príncipes. Quienes le brindaron la mayor protección.

El hecho es que Lutero llega y exhuma el evento sepultado por siglos, cómo se dio cuenta dónde estaba? Leyendo la Biblia y comparando lo que sucedía a su alrededor!! Tan sencillo como eso… De allí surgieron los famosos cinco “solas” base conceptual de la Reforma: “Sola Gracia”, “Sola Fe”, “Sola Escritura”, Solo Cristo”, “Solo a Dios la Gloria”.

Con estas simples afirmaciones evangélicas, sacudió toda la cáscara que se había pegoteado sobre el evento vivo del evangelio. Tal como Jesús había hecho en la sinagoga de Nazareth con la fe profética.

La mejor manera de conmemorar la Reforma es revisando nuestra forma de ser iglesia  hoy, preguntándonos por ejemplo: ¿Qué cosas se nos fueron pegoteando en el camino? ¿Qué cosas esenciales quedaron de lado? ¿Qué cosas superficiales ocupan el lugar del evento importante? ¿Cuánta tradición acumulada ha tapado a la fe viva?

Deberíamos advertir que una reforma de hoy puede convertirse en una institución pesada mañana. Pasó con Lutero, luego de doscientos años de la Reforma, la Iglesia Luterana era una institución tan pesada y fría como lo era la Iglesia Católica de siglo XVI, necesitó otra reforma, llegaron los moravos. La Iglesia Anglicana del siglo XVIII se encontraba tan lejos del evangelio evento que necesitaba una sacudida y fue allí cuando aparecen los hermanos Wesley y el metodismo. Hoy el propio metodismo podría estar necesitando otra reforma….

El peor favor que le podemos hacer a la Reforma, para conmemorarla, es congelarla en el pasado de la Historia y adorar sus postulados, sin que ellos atraviesen nuestras estructuras, personales, comunitarias y eclesiales, sin que nos modifique. Uno de los sabios lemas de la reforma fue “Iglesia Reformada, siempre reformándose”. Ese es el antídoto para evitar convertir el evento, en institución. ¿Tarea sencilla? No, es como sacar agua de la roca, difícil, pero cuando se logra todo un pueblo se refresca y puede seguir un
camino renovado. La mejor herencia que podemos apreciar de la Reforma es esa, animarnos a refrescar, indagar y transformar nuestra manera de ser cristianos en cada momento de la Historia.

Daniel A. Bruno
Predicación del 8 de octubre 2017, Iglesia de Flores