Mes de la Reforma: Alvaro Michelin Salomon, Pastor, Iglesia Valdense

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Mt 19:16-30 – El joven rico y la conversión de Valdo de Lyon

a) ¿Qué hacer para obtener la vida eterna?
b) ¿Cuáles son los mandamientos?
c) ¿Qué me falta?
d) ¿Quién podrá ser salvo?
e) ¿Qué tendremos nosotros que te hemos seguido y dejado todo?

a) DIOS Y NOSOTROS: pacto o compromiso por la vida. Entrar en la vida según el mensaje bíblico.

b) MANDAMIENTOS: sigue vigente el Decálogo más el resumen ético de los dos grandes mandamientos. Amarás a tu prójimo…

c) ¿QUÉ MÁS ME FALTA? Máxima obediencia y compromiso, exigencia o esfuerzo. Compromiso personal. Cf. Hch 2:41ss. Cooperativa de consumo de la iglesia en Jerusalén. Jesús le pone una condición al joven rico (perfección espiritual cristiana). Jesús y los pobres. Desprendimiento, independencia con respecto a los bienes, negocios y propiedades.

d) DIFICULTADES…

e) PROMESAS para el seguimiento.

1) Nosotros y los bienes: ¿qué tipo de relación?

2) La tradición y el seguimiento a Jesús: el Reino de Dios con los pobres mediante Jesús. Jesús se identifica con los pobres y vive como pobre con sus discípulos/as. Su ministerio itinerante es el de una cooperativa migrante de vida, reflexión y acompañamiento al pueblo. Jesús tomó en serio a los pobres y se hizo uno de ellos. Su opción de vida, ministerio y acción fue de total coincidencia entre su proclamación del Reino de Dios y su ejemplo cotidiano.

3) Mandamientos tradicionales y movimiento transformador: “si quieres ser perfecto…” Idea de la perfección: completar una vida dedicada al Reino de Dios, su justicia y su acción transformadoras de la persona y la sociedad. Perfeccionismo legal vs. la vida cristiana a fondo a imagen y semejanza de Jesús. La obsesión por la vida eterna para sí mismo vs. La “obsesión” por el Reino de Dios para los pobres. ¿Qué es lo que me preocupa y ocupa en la vida?

4) El sentido de ser hijos/as de Dios: en plural, “nosotros” mucho más que “yo” solo.

5) Seguimiento costoso: demanda esfuerzo, compromiso, dedicación, el costo del discipulado.

6) “Entrar en la vida”: ¿cuál tipo de vida? ¿de qué manera se entra en ella? ¿qué exige de mí?

7) “¿Qué más me falta?”: viene una respuesta concreta de Jesús para esa persona. Implica un llamado o vocación particular. El perfeccionismo moralista y legalista supone la suma de puntos para lograr la perfección existencial y, en este caso, religiosa también. Acumulo puntos que me deben llevar a apaciguar la ira del Dios justo y asegurarme, así, la vida eterna. La obsesión por la piedad y la moral que me justifican y me hacen sentir bien, que valgo mucho por mi propio esfuerzo. Traigo a Dios a mi vida y cumplo su ley, de acuerdo a lo que yo sé y puedo entender y practicar. El cumplimiento religioso como medida de la justicia de Dios en mí. Todo gira en torno de mí, yo soy el centro: de Dios, de mis semejantes, de mi comunidad religiosa, de la moral y la doctrina. Todo pasa por mí. El centro del mundo está en mí mismo.

8) Respuesta de Jesús: de alguna manera le está diciendo al rico ‘el centro de tu vida no está en tí mismo sino en los pobres y en mí’. ¿Dónde colocaste tus bienes? ¿Dónde están tus mayores preocupaciones? ¿Tus proyectos de vida? ¿Tus prioridades? ¿En tí mismo? (realización personal). ¿En otra persona? (alienación). ¿En algo indefinido? (indiferencia existencial que provoca angustia). ¿En la religión que te ofrece todas las respuestas y no tienes que pensar mucho por ti mismo? (tampoco tienes que decidir con libertad). ¿En una ambición material? (endiosamiento de las cosas o idolatría).

9) Somos como un combo: de muchas actitudes, decisiones y también indefiniciones. Jugadas importantes y convicciones que nos movilizan y otras jugadas arriesgadas que no siempre estamos dispuestos a asumir y tomar. Algunas opciones de vida pueden cambiarnos inevitablemente y transformarnos en personas a favor de los demás. Otras opciones, en personas que se miran a sí mismas.

10) Pero también es cierto que en cada actitud, en cada sentimiento, o pensamiento o acción, se mezclan cosas positivas y negativas (Paul Tournier). Somos una mezcla muchas veces poco clara para nosotros mismos. Pero cuando estamos confrontados a tomar una decisión de vital importancia se juegan nuestros principios, nuestra fe, nuestra visión de la vida y nuestro coraje o debilidad. El aspecto fuerte del joven rico era su compromiso con la ley y la piedad judía. Un religioso intachable. Su aspecto débil, que no estuvo dispuesto a dar un paso adelante en una vida más perfeccionada, pero no con el perfeccionamiento obsesivo individualista, sino en el camino de Jesús para una vida más liberada de ataduras, más libre de prejuicios de clase y de estatus, más libre para identificarse con las personas diferentes que poseen otras costumbres, otra cultura, otro trasfondo social, otra economía familiar, otra situación existencial en definitiva. La libertad que no es la glorificación del individualismo sino la apertura de todo mi ser en el encuentro con los diversos, no con mis pares sino con mis impares, aquellas personas que están alejadas de mi universo personal. A eso llama Jesús a este joven. Nada menos que a hacer realidad el Reino de Dios más allá de la ley, de lo estipulado, de lo comprendido, de lo asumido como deseable. Es un desafío buscando la perfección del compromiso con los pobres. Porque la referencia ya no soy yo mismo sino mi prójimo. El punto de partida no es mi “necesidad” individual sino la necesidad de mi prójimo.

11) Este camino a recorrer puede ser bien difícil, desestabilizante, desestructurador, que nos rompe la cabeza y cruza el corazón para que volvamos a arrancar desde la sensibilidad profunda de la empatía.

12) Valdo de Lyon: tomó la decisión que el joven rico no se animó a tomar.

Álvaro Michelin Salomon
Predicación del 15 de octubre de 2017, Iglesia de Flores

 

VALDO DE LYON, REFORMADOR DE LA IGLESIA

La persona de Valdo (1137? – 1207?). El nombre “Valdo” viene del latín: Valdesius; en francés: Vaudés; también mencionado como Valdés o Valdo. Nació en Lyon (Francia) entre los años 1135-1140. En 1173-4 tenía dos hijas menores, en edad de ser educadas en un monasterio (educación que regía a partir de los 6 o 7 años de edad). Tendría unos 36 años de edad al momento de su conversión y 42 cuando se encontró con el papa Alejandro III. Era uno de los hombres notables y ricos de Lyon.

Según la fuente histórica denominada Anónimo de Laón, Valdo era un prestamista, con lo cual amasó una fortuna. Cuando se convierte, devuelve lo requisado a sus clientes. Valdo y su mujer tenían amistad con el arzobispo de Lyon, Guichard. Entre los bienes inmuebles, Valdo disponía de molinos y hornos. Con un horno pagó a Esteban de Anse la traducción de los textos bíblicos.

La personalidad de Valdo, dice Papini, se adapta bien a la de un comerciante: espíritu emprendedor, individualismo, deseo de elevarse socialmente y de ‘figurar’ o ser ‘alguien en la sociedad. Es el prototipo de la nueva clase mercantil, que poco tiempo después luchará contra el poder eclesiástico para configurar su propio poder social. Probablemente Valdo era un mercader de telas, de ahí se explicaría, en parte, los fáciles contactos que tuvo con los lombardos, al norte de Italia. Los Pobres en el Espíritu (nombre que se dieron Valdo y sus seguidores/as), incluyendo a Valdo, tal vez se conectaron por primera vez con los habitantes de Milán al volver de Roma en el año 1179. O, por lo menos: a partir de 1183, después de la expulsión de Lyon.

En la primavera del año 1173, Valdo entra en una crisis de conciencia. Tiene la gran preocupación por la salvación eterna; decide cambiar de vida, despojándose de sus bienes y vivir en la pobreza absoluta. En aquel entonces, conversión significaba entrar en un convento, a fin de vivir el cristianismo a fondo de acuerdo a los monjes. Pero Valdo no tomó esa decisión: continuó siendo un cristiano laico. Según el Anónimo de Laón, cierta vez Valdo escuchó a un juglar; se entusiasmó tanto que lo invitó a su casa (cf. Papini, pp.97ss). Los juglares tenían distintos orígenes sociales; eran músicos y educadores itinerantes… La itinerancia prefigura, de algún modo, la opción radical de Valdo.

Después de la entrevista de Valdo con el juglar, Valdo dialoga con un teólogo, quien le propone considerar Mateo 19:21:

“Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, y sígueme”.

Valdo asume esta exhortación de Jesús al pie de la letra, la toma en serio y se la adjudica a sí mismo. Le concede a su esposa la libertad de elegir entre los bienes muebles e inmuebles. La esposa no comparte la decisión de Valdo, pero finalmente elige bienes inmuebles: terrenos, agua, bosques, prados, casas, dinero, viñas, molinos y hornos. Valdo se queda con un horno, con el cual pagará la traducción bíblica. El dinero de Valdo es utilizado para rembolsar a los damnificados por la usura; una segunda parte la destina a la educación de sus hijas, en el convento de Fontevrault.

Una tercera parte del dinero va para una olla popular para indigentes, que Valdo inaugura en Lyon el día de Pentecostés. Tres días a la semana, por dos meses, da de comer a los más pobres. El 15 de agosto, día de la Asunción de la virgen María, Valdo, viendo sus últimas monedas y tirándolas en el piso, exclamó:

“Nadie puede servir a dos señores: Dios y Mamón” (Mt.6:24).

Muchos pensaron que se había vuelto loco, pero Valdo aprovechó para realizar su primera proclama pública evangelística, diciendo:

“Ciudadanos y amigos míos: no estoy loco como Uds. piensan; más bien me estoy vengando de mis enemigos que me habían obligado a preocuparme más del dinero que de Dios, y así servía más a la criatura que al Creador. Sé que muchos me criticarán de haberlo hecho en público, pero yo lo hago por mí mismo y por Uds: por mí, a fin de que, de ahora en más, si Uds. me vieran poseer el dinero, digan que estoy loco; para Uds., a fin de que aprendan a poner vuestra esperanza en Dios y no en las riquezas.” (en Papini, p.101)

El dominico Esteban de Borbón (unos 30 años después de la fuente del Anónimo de Laón) explica de manera distinta la causa de la conversión de Valdo. Cuenta que Valdo iba a misa y escuchaba los Evangelios. Algo sabía de latín. Se interesa por saber más de la Biblia. De ahí que se conecta con el sacerdote Esteban de Anse, lingüista, conocedor del latín, y el copista Bernardo Ydros. Nació entonces la “Biblia de Valdo” en francés, conteniendo unos cuantos textos del Antiguo y del Nuevo Testamento, además de traducciones de las sentencias de los padres de la Iglesia. Se presume que esta “Biblia”, que contenía buena parte del Nuevo Testamento, fue la primera “edición” casera de los textos bíblicos en una lengua derivada del latín. Esta Biblia contenía, por lo que se puede saber:

los Salmos con glosas (¿de Pedro Lombardo?),
libros sapienciales del Antiguo Testamento y un comentario de Job por Gregorio Magno;
los Evangelios,
Cartas de Pablo y otros;
un apéndice con una serie de sentencias de los padres latinos (Agustín, Ambrosio, Jerónimo y Gregorio).

El dialecto era el francés provenzal del centro-norte de Francia. Posteriormente se la traducirá el francés provenzal del sur (“lengua de oc”). El valdismo primitivo no se puede entender sin esta empresa fundamental de Valdo.

La Biblia va marcando el terreno de la verdadera interpretación cristiana propuesta y exigida por Valdo y los suyos. El principio protestante del Siglo XVI de sola scriptura ya era defendido por los valdenses de la primera hora.

Por su parte, la fuente histórica del Anónimo de Passau (aprox. 1270) propone otra versión de la conversión de Valdo. Un amigo rico de Valdo murió imprevistamente. Valdo quedó tan impactado que decide hacerse pobre e imitar a Cristo y los apóstoles. Según esta fuente, Valdo podía enseñar el Nuevo Testamento en francés a sus primeros seguidores.

Según el Anónimo de Laón, los primeros seguidores de Valdo también eran ricos. Fue tan fuerte la predicación de Valdo, que estimuló el seguimiento de gente de su misma condición  socioeconómica. La predicación fue dirigida a abrazar la pobreza. También se fueron sumando los pobres. Después los Pobres en el Espíritu comienzan a confesarse mutuamente los pecados, entre ellos, sin la presencia de sacerdotes. Pronto se van sumando muchos adeptos, seguramente impresionados por la diferencia en la forma de vida entre los Pobres en el Espíritu y muchos clérigos que vivían en la opulencia.

El recitado de memoria de muchos textos bíblicos, particularmente de los Evangelios, la predicación en los lugares públicos y la salida a otras localidades, fueron configurando este movimiento de reforma radical de la Iglesia (léase por ejemplo Mateo 10: el envío de Jesús a sus discípulos). La predicación itinerante, entonces, pasa a caracterizar a los Pobres en el Espíritu. Van de dos en dos. Las mujeres comienzan a predicar a más tardar a los diez años de comenzado el movimiento. Los Pobres en el Espíritu sostenían que eran los verdaderos discípulos y discípulas de Cristo,  considerando el Evangelio al pie de la letra. Más que una nueva Iglesia doctrinaria, los Pobres en el Espíritu optan por la transformación personal y comunitaria de la vida cristiana.

Pobreza y predicación, entonces, se van conformando como un binomio imprescindible en el nacimiento del movimiento valdense. Asimismo, una clara conciencia de libertad impregnaba a este movimiento: ni la Iglesia oficial ni los poderes económicos y políticos del mundo pueden anteponerse a la decisión de seguir a Cristo de manera radical. Valdo y sus seguidores/as optaron por ser personas más libres, no avergonzándose de la pobreza ni del Evangelio que anunciaron y se comprometieron a vivir.

Fuente:
CARLO PAPINI – Valdo di Lione e i “poveri nello spirito”- Il primo secolo del movimento valdese (1170-1270), Torino, Claudiana, 2001.

Álvaro Michelin Salomon