Frases de Juan Wesley

Inicio / Meditaciones / Frases de Juan Wesley

Cuando Jesús enseñó a sus discípulos a orar, incluía la siguiente petición en su oración:
“Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal”[Mateo 6:12]. ¿Cuántos de ustedes han repetido esta oración? Y, ¿no tienen temor cuando lo hacen? Yo, sí. Le estamos diciendo a Dios muy claramente: “Dios, mírame, observa como yo perdono a todos a mi alrededor. De la misma manera, del mismo modo, perdóname lo que yo he hecho mal”.

“Prácticamente no existe aspecto negativo de nuestra personalidad que no sienta satisfacción criticando a otros, por lo tanto, nos sentimos inclinados a hacerlo. Resulta muy halagador para nuestro orgullo enumerar aquellas faltas de otros de las cuales sentimos que estamos libres. Damos rienda suelta a nuestra ira, a nuestro resentimiento y a toda suerte de actitudes cuando hablamos mal de aquellos con quienes estamos disgustados. En muchas ocasiones, haciendo el listado de los pecados de nuestro prójimo, satisfacemos nuestras propias codicias necias y dañosas.”[Obras III p. 207: “no difamen a nadie”]

“¿No será esta otra razón por la que apenas podrán entrar los ricos en el reino de los cielos? La gran mayoría de ellos están bajo la maldición, la maldición especial de Dios, puesto que según el tenor general de sus vidas no sólo están robando a Dios, malgastando y desperdiciándolos bienes del Señor, y con esos mismos medios corrompiendo sus almas, sino también robando a los pobres, los hambrientos, los desnudos, cometiendo injusticia contra las viudas y los huérfanos, y haciéndose responsables de todas las necesidades, aflicciones y sufrimientos que pueden pero no quieren remediar. La sangre de los que perecen por la avaricia de quienes guardan el dinero o lo desperdician ¿no clamará contra ellos desde la tierra? ¿Qué cuenta darán al que ha de juzgar a los vivos y a los muertos?”[Obras II p. 210]

Que todas las casas de predicación se construyan sencillas y decentes, y no más costosas de lo que es absolutamente indispensable. De otra manera, la necesidad de recolectar dinero hará que necesitemos a los ricos. Si esto es así, debemos depender de ellos, y ser gobernados por ellos. Y entonces adiós a toda la disciplina metodista y posiblemente también a la doctrina.”[Obras VIII, p. 32)

“En esta época [Navidad] usualmente distribuimos combustible y pan entre los pobres de la sociedad [de Londres]. Pero me di cuenta de que necesitaban tanto ropas como comida. Así que en éste y los cuatro días siguientes caminé por la ciudad y recolecté 200 libras para vestir a los que más lo necesitaban. Pero fue un trabajo duro, porque las calles estaban llenas de nieve derretida, en la cual me hundía hasta los tobillos; de modo que mis pies estuvieron sumergidos en aguanieve desde la mañana hasta la tarde.”[Diario, 4 de enero de 1785; Works, IV, p. 295]

“Los días subsiguientes, visité [a] muchos de nuestros pobres, para ver con mis propios ojos cuales eran sus necesidades, y como podían ser socorridos apropiadamente”[Diario, 13 de febrero de 1785; Works, IV, p. 296; cf. 8 de febrero de 1787; IV, p. 358].

¿Y cuál es su ganancia? ¿No es la sangre de estas personas? ¿Quién entonces envidiaría sus grandes propiedades y suntuosos palacios? Hay una maldición en medio de ellos: ¡la maldición de Dios adherida a sus piedras, a sus maderas, a sus muebles!,¡la maldición de Dios está en sus jardines, en sus senderos, en sus arboledas; un fuego que calcina al más profundo infierno! Sangre, sangre hay allí: ¡los cimientos, el piso, los muros, el techo, todo está manchado con sangre! ¿Y puedes esperar, oh tú hombre sanguinario, aunque estés ́vestido con escarlata y lino fino y hagas banquetes con esplendidez todos los días`, puedes esperar dar en herencia tus campos de sangre a la tercera generación? De ninguna manera, porque hay un Dios en el cielo: por lo tanto tu nombre pronto será borrado.” [The use of money, VI, p. 129]

La riqueza no es necesaria para la gloria de una nación; sino la sabiduría, la virtud, la justicia, la misericordia, el espíritu de servicio público, el amor al país propio. Esto es lo necesario para la gloria real de una nación; pero no lo es la abundancia de riquezas.” [Toughts upon salvery, XI, p. 73]El evangelio de Cristo no conoce otra clase de religión sino una religión social; no otra santidad
sino social. La fe que trabaja por el amor es la anchura, la longitud, la profundidad y la altura de la perfección cristiana. Este mandamiento recibimos de Cristo, que quien ama a Dios, ame también a su hermano; y nosotros manifestamos nuestro amor haciendo bien a todos los hombres, especialmente a los de la familia de la fe (Obras de Wesley, Tomo 9, p. 239-240)

El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo el cual clama: “¡Abba, Padre!” Ese amor filial que tiene en su corazón por Dios aumenta constantemente por causa del testimonio que tiene en sí mismo del amor perdonador de Dios hacia él, contemplando cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios. (El cristianismo bíblico, Juan Wesley)

Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, de todas las maneras que puedas, en todos los sitios que puedas, a todas las horas que puedas, a toda la gente que puedas durante todo el tiempo que puedas.